Nuestro sitio web utiliza cookies para mejorar y personalizar su experiencia y para mostrar anuncios publicitarios (si los hubiera). Nuestro sitio web también puede incluir cookies de terceros como Google Adsense, Google Analytics y Youtube. Al utilizar el sitio web, usted acepta el uso de cookies. Hemos actualizado nuestra Política de privacidad. Haga clic en el botón para consultar nuestra Política de privacidad.

Un sistema solar imposible, según astrónomos

Astrónomos encuentran un sistema solar que no debería existir

Un hallazgo a 116 años luz de la Tierra está obligando a los astrónomos a repensar cómo se forman los planetas. Un sistema alrededor de una enana roja desafía los patrones clásicos y ofrece nuevas pistas sobre la evolución de mundos fuera del sistema solar.

Un equipo internacional de investigadores, utilizando los telescopios de la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA), ha identificado un sistema exoplanetario que contradice las expectativas de los modelos tradicionales de formación planetaria. Este sistema, centrado en la estrella LHS 1903, ha captado la atención de la comunidad científica por su configuración inusual y las implicaciones que tiene para la teoría astronómica.

Cuatro planetas orbitan alrededor de LHS 1903, una enana roja, el tipo de estrella más común en nuestra galaxia, con una disposición que rompe los patrones observados en la mayoría de sistemas conocidos. El planeta más cercano a la estrella es rocoso, los dos intermedios son gaseosos, y sorprendentemente, el más lejano es nuevamente rocoso. Esta organización es inversa a la que se observa en el sistema solar, donde los planetas interiores son sólidos y los exteriores gigantes gaseosos.

Desafiando el modelo clásico de formación planetaria

El modelo convencional señala que los planetas se originan a partir de discos de gas y polvo que rodean a estrellas jóvenes; en las zonas próximas a la estrella, las temperaturas elevadas permiten que solo minerales y metales tolerantes al calor se unan y den lugar a mundos rocosos, mientras que más allá de la denominada “línea de nieve”, donde el agua y otras sustancias se congelan, la creación acelerada de núcleos posibilita la captura de grandes volúmenes de hidrógeno y helio, formando así gigantes gaseosos como Júpiter y Saturno.

El descubrimiento de LHS 1903 e, el planeta rocoso más externo, de aproximadamente 1,7 veces el radio de la Tierra, pone en entredicho esta secuencia. Este planeta, catalogado como una “súper Tierra”, podría haberse formado bajo condiciones distintas a las que rigen la formación de los planetas internos y los gigantes gaseosos, sugiriendo que procesos alternativos juegan un papel en sistemas estelares distintos al nuestro.

Thomas Wilson, profesor asistente de física en la Universidad de Warwick y primer autor del estudio difundido en Science, comentó que este mundo rocoso exterior se originó tras la formación de los dos gigantes gaseosos. “Nunca antes se había detectado un planeta rocoso situado más allá de planetas abundantes en gas alrededor de su estrella anfitriona”, afirmó, subrayando que su existencia cuestiona los modelos aceptados.

Un proceso de formación “pobre en gas”

Para comprender la presencia de LHS 1903 e, los investigadores evaluaron múltiples hipótesis, incluyendo colisiones entre planetas o la pérdida de envolturas gaseosas de un planeta más grande. Tras descartar estas alternativas mediante simulaciones dinámicas, se concluyó que el planeta probablemente se formó con un mecanismo de acumulación “pobre en gas”, es decir, en un entorno donde ya no quedaba suficiente gas y polvo en el disco para generar planetas gigantes.

Este orden de formación, desde el interior hacia el exterior, contrasta con nuestro sistema solar, donde los gigantes gaseosos se consolidaron primero y los planetas rocosos surgieron después. En LHS 1903, la formación escalonada y en condiciones distintas podría explicar cómo surgió este planeta rocoso, abriendo la puerta a nuevas teorías sobre la evolución de exoplanetas.

El sistema fue detectado por primera vez gracias al Satélite de Sondeo de Exoplanetas en Tránsito (TESS) de la NASA, puesto en órbita en 2018, y más tarde fue analizado en detalle por el Satélite de Caracterización de Exoplanetas (Cheops) de la ESA, que despegó en 2019. La integración de mediciones obtenidas mediante telescopios espaciales junto con observatorios ubicados en la superficie terrestre hizo posible validar esta configuración inesperada, subrayando el valor de la cooperación internacional dentro del ámbito de la investigación astronómica.

Implicaciones para la ciencia planetaria

El descubrimiento de LHS 1903 brinda una ocasión excepcional para profundizar en cómo se originan los planetas alrededor de estrellas pequeñas y abundantes en la galaxia. Sara Seager, del MIT y coautora del estudio, subrayó que este sistema podría aportar algunas de las primeras pruebas capaces de cuestionar los modelos clásicos de formación planetaria. El planeta más lejano constituye un ejemplo de análisis que tal vez transforme la manera en que se entiende la creación de mundos rocosos y gaseosos en diversos entornos estelares.

Investigadoras como Heather Knutson y Ana Glidden han indicado que este sistema actúa como un laboratorio natural idóneo para estudiar procesos planetarios bajo condiciones distintas a las del sistema solar. La temperatura y la composición de LHS 1903 e podrían favorecer la presencia de variados tipos de atmósferas y la posible condensación de agua, elementos que el Telescopio Espacial James Webb podría analizar para obtener datos más precisos sobre su estructura y evolución.

El descubrimiento también genera un debate en la comunidad científica. Néstor Espinoza, astrónomo del Space Telescope Science Institute, subraya que LHS 1903 añade un punto de datos crucial para refinar los modelos de formación planetaria y que, durante años, se utilizará para ajustar las teorías existentes y comprender mejor los mecanismos detrás de la formación de planetas pequeños y medianos.

Un nuevo enfoque sobre los sistemas planetarios

El análisis de LHS 1903 revela que la variedad de sistemas planetarios supera lo que antes se suponía, y la presencia de un planeta rocoso situado más allá de mundos gaseosos muestra que las condiciones locales y la forma en que gas y polvo se acumulan pueden producir escenarios inesperados, lo que indica que no existe una sola vía para la formación de planetas.

Este descubrimiento impulsa a replantear la manera en que se interpretan los datos de otros sistemas exoplanetarios y sugiere que las teorías vigentes podrían ajustarse para contemplar escenarios donde la secuencia de formación no replica la lógica del sistema solar. Las próximas observaciones de LHS 1903 e y de otros mundos en sistemas parecidos ofrecerán la oportunidad de analizar la variedad en los procesos de formación planetaria y profundizar en la comprensión de la diversidad de planetas presentes en la galaxia.

El hallazgo de LHS 1903 e y de los mundos que lo acompañan subraya la importancia de mantener flexibles los modelos científicos ante descubrimientos imprevistos. Este sistema no solo pone en cuestión los marcos teóricos vigentes, sino que también ensancha nuestra comprensión sobre las posibles formas de formación y desarrollo de los planetas en el cosmos, en especial alrededor de las enanas rojas, que representan la mayor parte de las estrellas de la Vía Láctea.

El análisis de este sistema exoplanetario anticipa largos años de estudio y debate, y podría convertirse en un hito para la astronomía al facilitar una comprensión más profunda de la complejidad y variedad de los sistemas planetarios situados más allá de nuestro vecindario cósmico.

Por: Estévan Abreu

Entradas relacionadas